Segunda Toma
Maybe this is all in my in my head*
Había algo tosco en Maritza. Quizás era su risa fuerte, quizás su cuerpo macizo y grande o el modo conciso de responder. Llegaba por veces a resultarle huraña. Carmen tenía miedo de irritarla; sus nervios la hacían parecer aun más dócil de lo que era, más tímida y pequeña. No había nada de extraño en eso, las personas siempre habían apreciado sus modos mansos: no tenía por qué ser diferente con Maritza. Era una táctica, esa de Carmen, desarrollada con los años: cada gesto, cada palabra, la entonación misma de su voz estaba calculada según lo que se esperase su interlocutor. Pero había veces, Carmen las odiaba tanto, que algo dentro de su persona se resquebrajaba, desde la grieta lo que intentaba esconder gritaba.
“No quiero y ya. No te debo ninguna explicación” la voz de Carmen salió fría y grave, más fuerte de lo normal. El silencio se expandió en la sala. Y la vergüenza no demoró en llegar.
Entonces una risa sincera llenó el ambiente.
“Bueno, tiene razón” dijo Maritza aun sonriendo, dedicándole una mirada intensa, pero buena.
Carmen se sonrojó, sin poder explicárselo, se sintió al seguro.
Maritza la haría sentir al seguro por mucho tiempo.
*de ahora en adelante usaré el texto de una de las canciones que inspirò esta historia, Poison Ivy de Little Simz
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